Entra en el cuarto. Se dirige diréctamente a la cómoda que está junto al catre. Sobre ella está el diario, abierto, boca arriba. El espejo refleja su rostro hinchado y demacrado. Evita mirarlo. Hay un bolígrafo entre las hojas donde se quedó. Coge el bolígrafo. Toma el cuaderno. Se sienta en el colchón. Evita leer lo que está escrito. Desciende, dejando un espacio de separación. Escribe con dificultad, con la espalda doblada y caligrafía constreñida.

Después llega el castigo. Ya no es igual. Vuelve a ser como antes. Está prohibido. Lo sabes, no es la primera vez. Y cada vez es peor.

                             CUIDADO!!!

Recuérdalo
¿Por qué seguir? 
Todavía estás a tiempo. 

Cierra el cuaderno. Abre el primer cajón de la cómoda. Está vacío. Deposita el diario en su interior, y el bolígrafo a su lado. Empuja el cajón hasta que el cuaderno desaparece. Se levanta. Se dirige a la puerta. Abandona el cuarto.