Presentación del cocodrilo

Los cocodrilos son reptiles semiacuáticos que viven en las regiones tropicales. Aparecieron por primera vez durante el Eoceno, hace unos cincuenta y cinco millones de años.

Se encuentran en hábitats de agua dulce, como ríos, lagos, humedales, y algunas veces en agua salobre. Se alimentan principalmente de vertebrados y algunas veces de invertebrados.

Su piel es escamosa, dura y seca. Llegan a vivir ochenta años.

Son excelentes nadadores gracias a que tienen piel entre los dedos de las patas traseras, parecidas a las aletas de buceo. Suelen vivir en ríos de corriente lenta y se alimentan de una amplia variedad de animales, preferentemente vivos.

Pueden sobrevivir hasta dos o incluso tres años sin comer. Al ser animales de sangre fría, almacenan energía permaneciendo inmóviles y reduciendo su gasto energético al mínimo, lo que les permite soportar largos periodos de ayuno.

El cocodrilo marino (o cocodrilo poroso), vive tanto en agua dulce como en estuarios salados y se adentra con frecuencia en el mar, lo que le ha permitido colonizar muchas islas de Australia y todas las costas desde la India  a Australia. Incluso, en muchas ocasiones, llega a cruzar el océano Índico y llega hasta África oriental, desde Somalia hasta Madagascar y Sudáfrica. El cocodrilo marino no es el único en adentrarse en el mar, aunque sí el que lo hace con más frecuencia. Así, el cocodrilo del Nilo ha cruzado el mar para colonizar varias islas del océano Índico (entre ellas Madagascar) y el cocodrilo americano ha llegado a nado hasta la mayoría de las islas del Caribe, e incluso a la punta sur de Florida.

Los jóvenes cazan cangrejos, insectos y ranas, persiguiéndolos. Los mayores se alimentan de presas vivas o muertas, permaneciendo en espera durante horas, listos para atacar a los mamíferos y aves acuáticas que se les aproximan. Son capaces de acabar con grandes mamíferos. Aferran a la presa con sus mandíbulas poderosas y sus dientes filosos, arrastrándola debajo del agua hasta ahogarla. No pueden masticar, de modo que cortan a la presa, sacudiéndola y despedazándola con sus dientes. Nuevos dientes crecen para reemplazar los que se rompen o se pierden. Su mordedura es la más poderosa de todo el reino animal.

Llevan vidas bastante inactivas, ya que yacen inmóviles la mayor parte del día. Por la mañana los ríos se calientan lentamente y los cocodrilos a menudo buscan el calor del sol en la orilla. Por la noche el agua se enfría lentamente, de modo que pasan estas horas dentro del río para mantenerse en calor.

No pueden controlar su temperatura corporal por lo que suelen abrir la mandíbula para liberar calor o quedarse bajo el sol para calentarse. En la boca los vasos sanguíneos están cerca de la superficie de la piel, permitiendo que el calor pase rápidamente desde la sangre al ambiente.

Tienen cuerpos pesados (aunque son ágiles en el agua) y metabolismos lentos, aunque pueden controlar la velocidad de su digestión según la abundancia de presas y de la temperatura ambiente. Así, con una temperatura óptima, pueden hacer una digestión rápida si abunda la comida, o lenta si esta escasea. 

Sobre la tierra, se deslizan arrastrando su estómago y empujándose con los pies. Para recorrer distancias grandes, adoptan un "paso alto", levantando el cuerpo del suelo y arrastrando la cola. Además, pueden "galopar".

Las fosas nasales y sus ojos se encuentran en la parte superior de la cabeza, lo que le permite ver y respirar mientras permanece en el agua. Puede respirar parcialmente sumergido, cerrando un pliegue de la garganta que evita que el agua penetre en los pulmones. Bajo el agua, las fosas nasales y los oídos se cierran, y en sus ojos una membrana transparente se mueve en sentido transversal actuando como un tercer párpado.

Poseen además un corazón formado por cuatro cavidades (dos aurículas y dos ventrículos), aunque su circulación sigue siendo incompleta (como las de los demás reptiles, ya que poseen el Foramen de Panizza, que deja que ambos tipos de sangre (oxigenada y desoxigenada) se mezclen).

Son los animales de respiración pulmonar que más tiempo pueden aguantar bajo el agua. Puede llegar a estar sumergidos seis horas si están en continuo movimiento, y hasta dos días si se mantienen quietos.

El cocodrilo era un animal sagrado en una parte de Egipto. Los habitantes de Tebas y del lago Moeris le tributaban un culto particular. Cuando lograban domesticar a uno de estos animales, le ponían collares de piedras preciosas y otros adornos de oro, y le alimentaban con manjares. Después de su muerte lo embalsamaban y depositaban en una especie de urna, que conducían al laberinto donde sepultaban a los reyes. Los ombitas se alegraban al ver a sus hijos presas de los cocodrilos. Según Plutarco este animal es el símbolo de la divinidad, porque carece de lengua, en atención a que Dios, sin hablar, imprime en silencio en nuestros corazones las leyes de la equidad y de la sabiduría.

Por otra parte eran mirados con terror en el resto de Egipto, donde mataban a cuantos  podían. La religión aumentaba aún más el odio natural hacia este gran carnívoro. Seth, asesino de Osiris y enemigo de todos los dioses, había tomado la forma de un cocodrilo. Su jeroglífico era también el símbolo de la tiranía en el gobierno.

Los egipcios creían que los cocodrilos viejos tenían la virtud de la adivinación y que era buen agüero cuando tomaban algo de comer de la mano de alguno de ellos, y al contrario cuando lo rehusaban. Si se cuentan los dientes del cocodrilo, dice Aquiles Tacio, se halla que su número iguala a los días del año. Tal vez es por esto que los egipcios representaban la imagen del sol en un barquichuelo que conducía un cocodrilo. Los egipcios adoradores de los cocodrilos decían que durante los siete días consagrados al nacimiento de Apis estas criaturas olvidaban su instinto asesino, no causando daño alguno, y que al octavo día, después del mediodía, volvían a su ferocidad habitual. También creían que los cocodrilos, por respeto a la diosa Isis, que en otra ocasión se había servido de un barquito construido de la corteza del papiro, no causaban daño alguno a los que navegaban en el Nilo con barquichuelos de esta planta.

Para los antiguos mesoamericanos, el cocodrilo también era parte importante de su cosmovisión, en particular entre los mayas de la península de Yucatán. Al ser un animal anfibio, que vive entre la tierra y el agua, se consideraba que sus fauces abiertas eran la entrada al inframundo.

Los cocodrilos pueden atacar a las personas si se acercan demasiado. Son peligrosos y pueden convertirse en antropófagos. La humanidad ha utilizado sus pieles para hacer billeteras y maletas, y ha destruido sus hábitats. 

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