Hoy me he despedido de Hanako en la orilla. La marea está retrocediendo. Esta noche descansaré en la playa. Mañana emprenderé el camino hacia la montaña. Cuando empiece a ascender tendré que ir despacio, por rutas sencillas. Me pararé a menudo, a descansar. Me tumbaré sobre mi vientre. Miraré las vistas y mediré, a ojo, la distancia recorrida. "¿Existirá una Hanako pedreste?" Si existiera, y viviera en esa montaña, no creo que viviera en lo más alto. Creo que ella se instalaría a media altura, y en sus paseos, subiríría y bajaría. Le gustaría alejarse de casa, adentrándose en el bosque, durante horas. Sería alpinista. Quizá me la encuentre, en cualquier parte, cuando menos lo espere. Echada en un claro, durmiendo sobre la hierba, o de pie sobre una roca, oteando el horizonte. ¿Pero qué forma tendría? ¿Cómo podría reconocerla? Por el camino, arrancaré flores, por si acaso. Las llevaré en las fauces, para transportarlas. Cada vez que coma, las sustituiré por otras ...