La ofrenda

El fantasma recogió las fotografías desperdigadas sobre la arena, una a una. 

Luego las colocó a su alrededor formando un círculo. Y cavó un pequeño hoyo en el centro, bajo sus pies.

- Vamos - le dijo al demonio.

El demonió se lo quedó mirando, pero finalmente accedió. Una llama de un rojo intenso surgió en el hoyo, alzándose. 

- Menos alta. Menos intensa. Menos oscura. - solicitó el fantasma.

La llama se concentró y adquirió una tonalidad rosácea que palidecía y se intensificaba, fluyendo suavemente sin cesar.

El fantasma se elevó en el aire y observó la ofrenda desde arriba. Luego miró al demonio, que le observaba, y levantó el pulgar en señal de aprobación.

El demonio miró la llama. Finalmente sonrió.

 





























  
                                            


   

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