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Mostrando entradas de mayo 20, 2026
- ¡Ey!  - ¡Ah, hola! - Risita nerviosa. - ¡¿Cómo estás?! - Estoy bien. - Se sonroja. - Hacía tiempo que no hablábamos. No quería molestar. No dice nada, se atusa un poco el pelo enmarañado. - Me gusta verte así. De buen ánimo. - ¡Gracias! - Desvía la mirada, sin dejar de sonreír. - Te veo tranquila. - Sí, estoy muy bien - Se encoje de hombros, sigue sonriendo, evita el contacto ocular. - Me alegro de que estés mejor. - Fue un bachecito, ya sabes. - La risita nerviosa se intensifica, se pone a rascarse la barbilla, que no le pica. Hace ademán de irse, pero se queda. - De eso se trata, de no quedarse atascada. ¿Verdad? - ¡Verdad, verdad! - Se mete las manos en los bolsillos y con la punta de la zapatilla empieza a dar golpecitos en el suelo. - ¿Ya no estás enfadada? - ¡Qué va! - Niega con la cabeza, con enfásis- Para nada. Al contrario. Al contrario. - Yo creo que así estás mejor.  - La verdad es que sí - El sonrojo ha ido en aumento, traga saliva. - Pero eso no quiere decir que...
Hay quienes creen que, si no puedes o no quieres contribuir en la sagrada misión humana de desentrañar el mundo, destapar a los culpables, poner a salvo a los inocentes, y sacarse un máster en decencia y sapiencia, por lo menos deberías no andar molestando, que esto es serio. Faltan personas y sobran gilipollas. ¡Qué desazón!  Debería sentirme mal una buena temporada tras haber descubierto que no soy más que una niñata y que nunca dejaré de serlo. ¡Qué desperdicio! ¡Qué lástima! Verdaderamente, es deprimente. La cuestión merece una crisis vital, una profunda reflexión acerca de la necesidad de contrición, de llevar una vida modesta y honrada. Un pequeña dosis diaria, no letal, de mortificación. En honor a la cordura, habría que ponerse serio. Y es que cuando uno pierde el mundo una y otra vez y no hace más que buscarlo, para que no le pase nada malo, ¡es tan puro! O, por lo menos, desea serlo. El esfuerzo es admirable. Y la preocupación un tema serio. O debería serlo. Qué hay cada ...
¿Recuerdas lo que te dije al poco de que llegaras a mi vida? Te reconocí el día que descubrí ese lugar, tan cerca de casa, que nunca había visto. Ese día me había descargado, sin saber por qué, música que hacía veinte años que no escuchaba. Llevaba tres semanas sintiéndome rara. Fue el día que los tocones de chopo se llenaron de setas.  Me despedí de Guido frente al supermercado. Se suponía que entraría a comprar algo, pero cuando crucé la carretera, me puse los auriculares y los encendí, y pasé de largo por la entrada del súper.  Empecé a subir la calle, hacia el patio interior ya conocido donde a veces salen setas, pero cambié de parecer y volví a cruzar,  y comencé a bordear el aparcamiento, mirando las plantas. Y empecé a experimentar una corazonada, que fue apoderándose de mí. Cuando llegué a aquel lugar, ya me había  transformado en lo que una ve fuí.   Eso que vagabundeaba por ahí, sin rumbo ni objetivo, solo, esquivando las zonas transitadas, recorriendo...